Dos no discuten, si uno no quiere.

Con esta mítica frase, titulamos a la nueva entrada de nuestro blog oficial, que queremos dedicarlo al complejo mundo de las discusiones y conflictos entre dos o más personas.

La idea de tratar este tema hoy, parte, por un lado, de la última formación impartida por Rudy Bormans para una empresa inmobiliaria, donde sus asesores nos preguntaban en varias ocasiones, qué hacer con los clientes que vuelven a la oficina enfadados, a reclamar algo que unas semanas antes consideraban “justo” y ahora no. Por otro lado, aprovechamos la oportunidad para recordarles que el próximo 10 de Octubre tendrá lugar el Taller Intensivo de alto impacto: Aumenta tus ventas; donde podrás aprender todas los secretos del mundo comercial, y descubrir además, las mejores técnicas de comunicación y resolución de conflictos en el área comercial.

Pero vamos al grano. ¿Qué hacer cuando una persona viene directa a ti, cargada y preparada para embestir con sus palabras ofensivas y con sus malas formas?.

4 técnicas para evitar una discusión.

Pide perdón.

A priori esto puede sonar ofensivo para tu persona. ¿Por qué debo disculparme por algo que posiblemente no haya hecho? Muy sencillo. Pedir perdón a la otra persona, es lo mismo que sacar la pipa de la paz. Si empezamos con un “lo siento”, lo más probable es que la otra persona se “desinfle” y guarde sus garras antes de seguir atacándote. Hay mil maneras de pedir perdón aún sabiendo que no tendrías por qué pedirlo. “Perdón por hacerte sentir así, no era mi intención”. “Lamento que tengamos que llegar a este punto, me sabe mal vernos discutir”. “Siento mucho la situación, si por mi parte he errado, lo lamento, no era mi intención”.

Pedir perdón antes de que se genere el conflicto es ir un paso por delante y trascender. Saber que el orgullo no sirve de nada hace que lleves las riendas de una discusión. Significa que tú eres consciente de que hay un problema, sabes que hay que solucionarlo, y sabes también que discutir agresivamente no servirá de nada. Pide perdón y luego busca la negociación con la otra persona, sin perder tu dignidad y siempre luchando de manera pacífica por tus derechos.

Escucha antes de hablar.

A las personas nos encanta ser el centro de atención. Cuando tenemos un conflicto con alguien, pocas son las veces que somos capaces de controlar nuestro lenguaje corporal y nuestro tono de voz, para evitar parecer ofensivos. Es algo que nuestro subconsciente hace por nosotros y que, aparentemente, no podemos controlar. Nada más lejos de la realidad.
Como todo en esta vida, para conseguir un nuevo hábito, hace falta práctica. Y el primer hábito  que debemos aprender es a escuchar. En una discusión queremos ser siempre el primero que expone sus argumentos, pero si en lugar de hacer lo que todo el mundo hace normalmente, y dejas claro a la otra persona que estás dispuesto a escuchar todo lo que tiene que decir, lo más probable es que la otra persona pueda llegar a darse cuenta de que no estás interesado en discutir, todo lo contrario, deseas encontrar una solución win-win. Nunca olvides esta frase: El hombre sabio escucha , el inteligente opina … y el estúpido grita“.

 

Habla siempre desde tu punto de vista.

Hay algo que a todos nos molesta en una discusión, que utilicen nuestras palabras en nuestra contra o que nos intenten corregir todo lo que nosotros decimos. Es un erro muy habitual, y se produce a causa de querer buscar ganar a costa del otro. No queremos tener la razón, queremos que la otra persona se de cuenta de que no la tiene, y nosotros si. Esta es quizás una de las razones por las que muchos de los conflictos jamás se terminan solucionando.
Cuando expones tus argumentos, debes dejar claro que todo lo que dices, lo haces bajo tus perspectiva, y en función de una serie de circunstancias que solamente tú has vivido. No olvides nunca que la otra persona también tiene razones para decir lo que dice, y si no las tiene, debes ser capaz de detectarlo para evitar saltar al contraataque por una causa perdida. Una técnica que suele funcionar es la del “sándwich”: dile una cosa buena, otra “mala” y otra buena. “La verdad que entiendo tu postura y tus razones. Me pongo en tu lugar y lo puedo entender, aunque no lo comparta, ya que desde mi punto de vista se ve diferente por […]. Pero agradezco que lo compartas conmigo de manera tan franca, da gusto evitar los rodeos e ir al grano.  Como se puede apreciar, primero le dejamos claro que lo entendemos (aunque no lo compartamos), luego damos nuestros argumentos, y por último, agradecemos que nos lo haya contado. Suele ser una técnica que relaja a las “bestias alfa”, y que te permite además, dar razones para demostrar que eres una persona racional y pacífica.

Evita discutir en caliente.

Cuando nuestro cerebro colapsa, y empieza a darle vueltas sin parar a un problema, instintivamente necesitamos decirlo todo. El problema de decirlo todo es que normalmente no pensamos bien lo que decimos y nos dejamos llevar por el momento. Una vez más, debemos preocuparnos por lo que podemos hacer nosotros para evitar una confrontación innecesaria, y no hay nada que evite más conflictos que el dejar un tiempo para reflexionar, antes de que llegue el “apocalipsis”.
Debemos ser capaces de detectar cuando es un buen momento para discutir y cuando no. Es una de las tareas más complejas que existen en el mundo de la resolución de conflictos, ya que el ser humano, por naturaleza, cuando quiere algo lo quiere ya. La paciencia es una de las mayores virtudes que se pueden aplicar a la hora de discutir con alguien. Si eres hábil, sabrás como proponerle a la otra persona, una período de paz y reflexión, con el único objetivo de evitar palabras de las que puedan arrepentirse. Los mayores conflictos se solucionan siempre, en muy poco tiempo, pero con un largo periodo de reflexión.

El objeto de toda discusión no debe ser el triunfo, sino el progreso. Joseph Joubert.