¿La rutina diaria es algo bueno o malo?

A día de hoy es muy habitual escuchar que la rutina es algo terrorífico que nos va matando día a día por dentro y por fuera, y que, sin embargo, la gran mayoría de la población del planeta, especialmente en los países más desarrollados, no puede dejarla a un lado fácilmente.

Ya lo decía José Ingenieros: “La rutina es el hábito de renunciar a pensar”. Claro que esta frase viene de alguien cuyo día a día poco se podría repetir, al estar continuamente estudiando y trabajando en las múltiples disciplinas que tanto le apasionaban; farmacología, criminología, psicología o sociología, entre otras.

Como todo en la vida, cada cosa tiene su lado bueno y su lado no tan bueno. La rutina tiene algo fantástico, nos genera una estructura, algo esencial para el desarrollo de un gran número de actividades personales o laborales. Nos prepara una zona conocida en donde nos podemos sentir seguros de nosotros mismos, eficientes, cómodos y tranquilos. Lo que a día de hoy muchos denominan como “zona de confort”, otro de los conceptos más utilizados en los últimos años.

El lado positivo de la rutina diaria.

No nos engañemos, la rutina es necesaria en un gran número de circunstancias y situaciones, o incluso, de manera genérica. Si de repente todos y cada uno de nosotros decidiésemos romper con la rutina, se produciría un cambio social brutalmente drástico que, sin duda, modificaría las bases de la historia de la humanidad tal y como la conocemos hoy.

Pero si dejamos por un momento de lado el concepto de ese mundo idealizado, sin rutinas, y nos centramos en pequeños cambios que son accesibles para todas las personas, podríamos ver el verdadero potencial escondido detrás del concepto de “romper con la rutina.”

El teólogo William Shedd dijo una vez: “Un barco atracado en un puerto está seguro, pero no es la finalidad para la que fue construido.”

No se trata de lo que hacemos, sino del por qué lo hacemos. Son muchas las ocasiones en las que las personas sentimos desgana y desmotivación cada mañana al levantarnos para ir a trabajar. Nos quedamos absortos mirando el periódico o la televisión, soñando con poder algún día, quizás en las próximas vacaciones, viajar a ese lugar con el que tanto hemos soñado y que todavía no hemos tenido tiempo de visitar. El tiempo, la excusa perfecta para todo. No nos equivoquemos, la rutina no es el problema, el problema está en la respuesta a la siguiente pregunta: ¿nos gusta la rutina que hemos elegido?

Cómo romper con la rutina diaria.

Si tu respuesta es SI, enhorabuena, curiosamente e irónicamente, el día que quieras romper con esa rutina que tanto disfrutas ahora, posiblemente no te costará tanto hacerlo. Si tu respuesta es NO, va siendo hora de que te hagas algunas preguntas más a ti mismo.

  1. ¿Qué parte de tu rutina diaria cambiarías y cuáles no?
  2. ¿Qué te gustaría hacer realmente en lugar de lo que estás haciendo ahora?
  3. ¿Qué te impide hacerlo?

Existe mucho escéptico pesimista, que posiblemente te diga que no es posible responder a estas preguntas y conseguir romper con la rutina aun sabiendo las respuestas. Pero te aseguro que, basándome en mi experiencia y en la de las personas que me han acompañado en muchos momentos de mi vida, el cambio es posible. La clave para ello son las “micro-rupturas rutinarias”.

No se trata de dejar el trabajo, coger el primer billete de avión que se nos pase por la pantalla del ordenador, y dejar todo atrás para vivir una vida de aventuras libre y sin ataduras (que seguro le funcionaría a más de uno o una). Se trata de ir haciendo pequeños cambios. Para ello es necesario buscar franjas de tiempo en las que dejaremos de lado nuestra comodidad y nuestras lamentaciones, y las aprovecharemos para planificar y buscar la manera de meter en nuestro día a día actividades que nos acerquen más a lo que queremos hacer: preparar cartas de presentación y/o nuevos currículums para buscar nuevos empleos que nos llenen más por dentro; apuntarnos cada mes en alguna actividad deportiva totalmente diferente para sociabilizar y conocer gente nueva a la vez que probamos algo diferente; preparar un viaje de un fin de semana para ir probando si realmente es lo que nos gustaría hacer cada día; llamar a una amiga con la que hace años que no hablas para que te cuente cómo le van las cosas, y a qué dedica su día a día.

Para hacerlo, hacen falta ganas y valentía. Todos tenemos poder de elección en cada segundo de nuestro día a día. Elección en seguir avanzando, evolucionando en la vida. El desarrollo personal y profesional consigue que no nos estanquemos. Quedarte en un sitio y no avanzar, en cierta, manera es morirse vivo. Veo diariamente como Coach, muchos barcos atracados en sus puertos por miedo a lo desconocido. El lema “Lo que sucede, conviene” tiene como base la total confianza en que todo lo que nos ocurre es fundamentalmente bueno para nosotros. .

¡Sal de la rutina! Desafía a tus propios límites y toca con los dedos el infinito mundo del aprendizaje. No olvides que la rutina la eliges tú, y no al revés.

“La vida empieza al final de tu zona de confort. Así que si te estás sintiendo incómodo ahora mismo, que sepas que el cambio que está sucediendo en tu vida es un principio, no un final.” Neale Donald Walsch