Los celos como sistema defensivo.

Ser celoso hoy en día es algo que muy pocos pueden evitar, especialmente con nuestra pareja. Todos hemos escuchado las horribles historias de personas que matan a su mujer o su marido por celos, ya sean por motivos de engaños amorosos, o por falsas ideas que uno mismo es capaz de crearse en su cabeza.

En el mundo animal, son muchas las ocasiones en las que los machos del grupo, pelean entre ellos para conseguir la atención de una hembra. En ocasiones, llegando incluso hasta la muerte. Esto nos podría hacer pensar, que tal vez los celos sean algo natural e instintivo, como animales que nos consideramos. Pero déjame que te diga una cosa. Somos animales cuando nos interesa.

La primera prueba que nos diferencia a los humanos de los animales, es que somos capaces de ser conscientes de que somos humanos y estamos vivos. Somos seres inteligentes que razonan, aprenden, reflexionan y evolucionan con el tiempo. Podemos elegir la gran mayoría de las decisiones que tomamos en nuestro día a día. Podemos incluso ir en contra de nuestros instintos, si nuestra voluntad es suficientemente fuerte y poderosa.

Si entendemos esto, y estamos todos de acuerdo, podemos decir que los celos, aún si fuesen algo instintivo, podríamos suprimirlos si realmente nos lo propusiéramos. Pero, déjame que te cuente algo más sobre el origen de los celos.

El origen de los celos.

Los celos y la envidia, suelen venir de la mano. Ambos nacen del concepto de pertenencia. Creemos que todo se puede poseer y tener. Que cada elemento sobre la faz de la tierra, tiene un dueño. Pero este concepto, además de ser algo infundido por la sociedad, mucho más ahora que vivimos en un mundo capitalista, destruye la esencia más importante del ser humano:  la libertad para pensar y sentir.

Es cierto, sentir celos por nuestra pareja puede hacernos creer que lo sentimos porque la queremos o la apreciamos demasiado como para que de repente, no esté a nuestro lado. Pero al igual que prácticamente todo en esta vida, nada es para siempre. Todo es susceptible a cambio, porque nada permanece igual. Lo que hoy es seguro, mañana puede no serlo. Y el amor, las amistades o los sentimientos, no son la excepción.

La confianza para vencer los celos.

La clave para vencer los celos, es la confianza. Pero no la confianza en nuestra pareja, sino la confianza plena en nosotros mismos. Debemos entender que, si creemos en nosotros, estamos con la persona adecuada porque nosotros lo hemos elegido y decidido. Nada llega mágicamente. Nosotros escogemos si queremos que alguien entre en nuestra vida, o no. Desde el momento en que decidimos compartir nuestro día a día con otra persona, debemos ser responsable y consecuente. Nunca se debe pensar que la otra persona está en la obligación de sernos fiel y estar junto a nosotros eternamente. No es un esclavo, ni un objeto que nos pertenezca. Al igual que tú, está en su derecho a elegir si quiere o no estar junto a ti.

Los celos empiezan por comerte única y exclusivamente a ti, pero si dejamos que nos venza, terminaremos destruyendo también a la otra persona. Y la destrucción nunca debe ser una opción. Sea cual sea la circunstancia en la que nos encontremos.

Los Vikingos y Vikingas de la época, eran capaces de compartir sus parejas entre ellos, al considerar que todos eran libres de disfrutar del placer entre sus seres queridos, ya fuesen amigos o amantes de diferente o del mismo sexo. No existía tabú en ello. Cuando el catolicismo ganó terreno, creo el matrimonio “sagrado”, monógamo y heterosexual. Cualquier persona que se saliese de lo que ellos consideraban sagrado, estaba mal visto por la sociedad, y te juzgaban por ello en nombre de Dios.

Nadie, absolutamente nadie, tiene el derecho a decidir cómo y con quien quieres pasar tu valioso tiempo de vida. Tú eres el único responsable. Y al igual que tú, lo somos todos. No busques alguien que te pertenezca, ya te tienes a ti. Busca personas que decidan compartir contigo lo que tú quieras compartir con ellos.

Evita los celos.

El amor se gana con entendimiento, trabajo y voluntad. No dejes que los celos o cualquier otro sentimiento tóxico, sean capaz de corromperte por dentro, y mucho menos, que dominen tu vida.

Si los celos son señales de amor, es como la calentura en el hombre enfermo, que el tenerla es señal de tener vida, pero vida enferma y mal dispuesta. – Miguel de Cervantes