Sentimientos Tóxicos

Las emociones y sentimientos no sólo determinan tu estado de ánimo, estos tienen la capacidad de influir en tus decisiones y por consiguiente en tu vida. Sin embargo, no todos las emociones y sentimientos son buenos, algunos pueden dañar tu bienestar físico y emocional. Como todo cambio en nuestra vida, debemos pasar por 3 fases para que estos se produzcan: la concienciación, eliminar patrones negativos y aprender patrones positivos.

Ser consciente

Ser consciente de que existen sentimientos tóxicos dentro de ti, será el primer paso que nos permitirá evitarlos más adelante. La importancia de ser consciente de una situación real y verdadera, es mucho mayor de lo que a menudo llegamos a pensar. Significa que le estamos dedicando nuestra atención a algo que hasta ahora ignorábamos o no queríamos ver. Se podría comparar con otros hábitos no saludables como el tabaco o el alcohol. Todos sabemos que ambos perjudican nuestra salud, pero hasta que no nos paramos a leer documentos oficiales de estudios médicos, o hasta que no nos entra una enfermedad a causa de su excesivo consumo, no le damos demasiada importancia. Eso no significa que por conocer la verdad que se esconde detrás de ello, vayamos a dejarlo o cambiarlo, pero al menos, nos hará reflexionar sobre un poco más, y seremos responsables de las posibles consecuencias que conllevan.

Las top cinco emociones tóxicas son: ansiedad, angustia, enojo, envidia y la culpa. Las emociones y los sentimientos están en nuestras vidas para ser sentidos, pero no para dominarla. Nos pueden robar nuestro futuro, cegar nuestra visión, porque, al momento de hacerlo, se vuelven tóxicos tanto para nosotros, como para los que nos rodean.

Sustituyendo patrones negativos por positivos.

Eliminando patrones negativos y aprendiendo patrones nuevos positivas sobre los sentimientos tóxicos, generarán nuevas habilidades y competencias que nos permitirán vivir más felices.

La Ansiedad como reacción normal que aparece cuando sientes que se acerca una amenaza, es tóxica cuando se vuelve crónica, ya que se transforma en un temor irracional excesivo. Solemos pensar que es algo que no se puede controlar, pero todo es posible en el mundo de las emociones. Lo primero que hay que hacer es convencernos a nosotros mismos e interiorizar, que la ansiedad la creamos nosotros en nuestra cabeza, y como mismo la creamos, la podemos destruir.

Diariamente nos enfrentamos a situaciones que pueden generar . El problema surge cuando éste se convierte en una constante. Esta se genera al sentirnos muchas veces incapaces de conseguir que algo salga de la manera que teníamos pensado o planificado. Cuando te pase, piensa y convéncete de que las cosas siempre pueden salir diferente a como nos habíamos imaginado. Cuando te convenzas de ello, evitarás la ansiedad e irás directamente a por una nueva oportunidad.

El Enojo es una fuerza emocional que, bien canalizada, nos ayuda a conseguir nuestros objetivos y metas, al hacernos seguir adelante superando obstáculos. Sin embargo, si no la sabemos manejar bien puede convertirse en violencia y ser contraproducente en todos los sentido. La evolución del enojo, es la Ira, y ya todos sabemos lo poco saludable que es la Ira para nosotros, y mucho peor, para las personas cercanas a nosotros. Cuando te sientas enojado, dosifica el sentimiento. Aprende a detectar el “tope” de esa emoción, y una vez llegues a tu máximo, asume la responsabilidad del problema (si realmente fue tu responsabilidad) y comienza a andar en dirección a una futura mejoría. Tómatelo como un nuevo reto.

El envidioso tiene una gran dificultad para celebrar los éxitos de los demás, ya que realiza una comparación inmediata en la que siempre sale perdiendo. Hay que controlar este sentimiento, si no, crecerá sin piedad y se propagará por dentro de tu corazón hasta el punto que te dolerá. Aprende a ser consciente de los momentos en los que sientes envidia, y pregúntate a ti mismo: si fuese yo esa persona, ¿seríafeliz? – Si es así, alégrate por ella. Y si lo que quieres es conseguir lo mismo que ha conseguido, tal vez puedas preguntarle cómo lo hizo, para ir tú también a por ello.

La culpa bloquea nuestra capacidad para disfrutar de la vida. Es una herencia directa del dogma de la institución católica. Deberíamos cambiar esa palabra por “responsabilidad”. Sentirte culpable solo debe servir para darte cuenta de que pudo haber sido tu responsabilidad el que se produjese determinada situación o resultado. Sin embargo, es muy habitual sentir culpa cuando no tenemos nada que ver con el problema. Si es así, debes detectarlo cuanto antes intentando analizar siempre el problema de la manera más objetiva posible.

Buscando la mejora continua.

Empieza por asumir que todos los seres humanos somos capaces de sentir los mismos sentimientos, tanto los positivos como los negativos. El problema de los tóxicos es que influyen a nuestro entorno. Reducirlos debe ser un hábito que de manera consciente debe estar en nuestra rutina diaria. Hay que trabajarlo y dedicarle cada día unos minutos a pensar sobre ellos. Pasarlos por alto es muy sencillo, pero sus consecuencias, pueden llegar a destruirte completamente.

Pasa con la felicidad como con los relojes, que los menos complicados son los que menos se estropean.
Nicolas de Chamfort